¿Es cobarde no querer vivir?
No es que me quiera matar, ni exactamente morir; sino que realmente no puedo soportar momentos que me hagan sentir triste y desgraciada, y que sienta que quizás pueda sentirme feliz, pero que mi vida es infeliz.
Soy impulsiva y hago cosas espantosas que nadie debería hacer, y que nadie debería presenciar. Me avergüenzo de la Adriana que soy en esos momentos, pero resulta que todos los días de mi vida soy esa Adriana que no merece más que ser odiada y repudiada y condenada a vivir en la vergüenza. Al menos ese es el castigo que mi reina interior que solo quiere perfección y más perfección, desea para mí. Y con la cabeza baja, con ojos llorosos y con el alma partida en cientos de pedazos, camina, rumbo a su sentencia, a su tan temida o deseada sentencia.
Hállese esa plebeya, criada con amor y nada más que amor; pero que, sin embargo, creció necesitando más amor y más amor, y que, sola, armó su camino a la destrucción. Ese camino del que poco a poco va olvidándose, pero que es más fuerte que ella, y a veces gana. Y gana con creces.
Feliz Navidad, by the way.

