Estoy triste. Mientras espero mi rumbo a casa, veo sitios ocupados en las bancas. Los y las miro mientras son felices. Creo que he llegado a un momento en el que mi cerebro siente lástima, en el que mi corazón está roto, está tomando un descanso, porque necesita dejar de llorar. Las lágrimas al parecer quieren acumularse en mis ojos; sólo es lástima, no hay dolor por ahora, no hay un gran por qué; hay un gran él. El que no debía lastimarme, el que no debía ser el él. El que no debía ser. El que debía ser en todos los sentidos, el que debía secuestrar esa soledad y ponerle compañía a esos labios. Debía ser el patrón de sus deseos y prometido de sus pensamientos. Debía serlo todo, pero ahora todo está arruinado.

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