Deshacer todo lo que no me has hecho. Armar para desarmar cada palabra que me dijiste, cada mentira que pronunciaste. Ahora me siento en un piso levadizo, flota mientras se marea y da vueltas mientras duerme. No sé qué sentir, por qué no sé qué pensar. Mejor sería no pensar, pero sino pienso, ¿qué otra cosa podría hacer? ¿Quererte? Quizás es muy pronto para quererte o muy temprano para olvidarte. Lo que él me quiere dar, tú no me darás. No importa si lo juraste, tus engaños sobresalieron de tu sonrisa. Tal cual gato enloquecido, me mirabas con verdades, pero escupías falsedades. Ya no te quiero. (Porque te quiero más de lo que debo). Y no debo quererte, por eso te olvido. Y el dolor por tener que hacerlo me revuelve los sentimientos y cómo me gustaría que esto hubiera sido distinto. No es bueno sentirte deseada, porque a fin de cuentas todo lo que vivimos es un delirio, un torbellino que no sabe a dónde dirigirse, y al final, ellos mienten. Desearía estar inundada en mis lágrimas, pero al parecer tengo que ser fuerte. Y pienso eso, y quizás me gustaría ser un roble. Si soplara mis errores encima de este, creo que seguiría en pie. Yo en cambio estoy al fondo, en las catacumbas. Finjo tener miedo, pero en realidad esto es lo que más he deseado. Si ellos me tomaran de la mano y me envolvieran en mantos de tristeza, yo accedería, porque aunque ahora parezco ser feliz, todo me complica la mente y mi corazón no quiere llorar más, así que lo hacen mis ojos. Pero ellos también están hinchados de años de odio personal. Estoy confundida, y estarlo me confunde aún más. Quiero que alguien venga y me solucione la vida. Específicamente hablando. Quiero que venga él, y cumpla lo que él me dijo. O venga él y me asegure que soy la firme excepción, y se quede para morir a mi lado.

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