Ojalá pudiera haber escrito hace tres minutos, cuando había terminado de escuchar tu voz. No sé qué quiere la vida que piense, pero justo pensaba (ja) en ti y en esto. Iba matando mi alma y corazón de a poco con canciones que falta no me hacen, tejiendo problemas innecesarios en mi mente, cuando de un momento a otro, siento algo a mi costado que resultó ser mi celular.
Tal vez quiere (¿quién quiere?) que llegue al punto máximo de mi tortura, porque recién ahí logré darme cuenta que me llamabas. ¿Por qué?, no sé. Bueno, sí sé. Dijiste palabras que endulzaron de manera inmediata los órganos que sólo se mueven por ti. Hiciste con tu voz que mi sonrisa se prolongara hasta lo que todavía no he vivido, pero viviré.
Me preguntaste si iba, “estoy en mi casa, falté al cole”, te respondí. En defensa me contaste que ibas a correr tabla, “mostro”, te alenté. “¿Vas a la fiesta?”, bueno, lindo, con tu llamada ya uno no se puede negar. ¿O sí? “Mañana sí vas a cole, entonces.” “Supongo que sí”.
Te dedico la canción que deberías dedicarme tú a mí, pero ya lo hiciste con otra persona.
No hay comentarios:
Publicar un comentario