30 de Julio, 2011
Harry,
Son las 6 de la mañana, más o menos, nos levantamos para ir al baño y como rutina acostumbrada mía, fui a mirarme al espejo, siendo ésta vez, una visita nada grata.
La verdad es que sí, me asusté un montón. Jaja, suena muy chistoso, pero es verdad. Me vi gorda. Obesa, asquerosa y repugnante. Estoy comiendo y he comido demasiado, exceso, la verdad, tengo miedo, me doy asco, me doy vergüenza, me da pena, me da vergüenza, vergüenza y me acomplejo.
Estoy súper, súper cachetona, parezco un cuy, rebosando de gordura, llena de grasa y comida de más. Me doy asco. Me doy miedo. Me da miedo seguir engordando. ¿Qué haré el lunes? Me da cólera que todo mi esfuerzo se haya ido a la mierda por la vida, la gente, el mundo y mi estómago y mente.
Yo debía estar el lunes súper delgada, “has bajado de peso, Lily”, una sonrisita complaciente, nada segura, sabiendo que no es suficiente y nunca lo será. “Estás flaquita, Lily”, gracias, no gracias, no lo estoy, no me mientas, pobre del imbécil que me diga que estoy delgada, “Al también está gorda como tú”, no en mala onda, no, pero en parte eso desencadenó mi odio reciente, gracias C, gracias. Bueno, no es que haya olvidado que la comida engorda, no alimenta, sino engorda y causa más efecto en mí que en otras personas (AP me entiende), y que una comida me aumenta, me rellena, me cambia, me transforma, incluso, durante el maldito y vomitivo acto.
Dios santo, ¿qué voy a hacer? El lunes veré a K, debía estar hermosa para él, y para todos, para él especialmente. Veré a X, y gorda me verá él. Gorda y asquerosa, pobresitos los dos, la imagen que tendrán que presenciar. Debería quedarme encerrada en mi cuarto por gorda, sin comidas, para recuperar mi peso, mi cuerpo y mi alma.
Tranquilamente podría haber vomitado, varias veces, pero no, mi voz la quiero conservar, a pesar de que no cante como Amy Winehouse, que en paz- ella sí esperemos- descanse. Qué estúpida, ¿no? Sí, Amy también, pero me refería a mí. Qué idiota, qué imbécil, qué babosa. Qué ilusa.
Bueno, de todas maneras, ni ganas ni esfuerzos podría haber sacado, porque, a pesar de estar comiendo como cerdo en criadero, cuando te desacostumbras a no vomitar, a guardar las porquerías que ingieres, a acumular grasa y calorías, a ver como engordas poco, para luego bajarlo con agua y volver al estado natural… no es fácil, cansa, es devastador, quedas traumada, molesta, fastidiada, al menos yo, me siento enferma, pero luego si sigues haciéndolo… se te hace costumbre, se te hace rutina, se te hace parte del día a día, parte del alma, parte de la vida, parte de la enfermedad.
No sé qué haré. No sé si podré. La humillación. Eso siento, me siento humillada, y me sentiré aún más el lunes.
¿Podré? Claro que podré, ya con este peso y esta imagen que da náuseas, sólo se puede poder, porque no queda de otra. Si no bajo de peso, mi pesadilla se cumple una vez más. Ahí, ahí será difícil regresar.
Es muy difícil volver, es bueno cuando ella está cerca. Es menos un problema. Menos una frustración. Al menos en menor grado. Es felicidad, alegría para mi alma el verme y sentirme delgada.
Lily.
No hay comentarios:
Publicar un comentario