Me flechó aquella extrañeza que emanabas con palabras y
mentiras, esas que pronuncias todo el tiempo esperando que oídos de féminas
presentes las reciban y correspondan aquel vago amor falso que prometes con tu
falso, falso querer. Me gustaría escribir versos bonitos sobre los labios que
se unieron bajo ese humo encervezado de aquel día dentro del margen de error de escribe y borra, escribe y borra; cien
veces la misma historia. Me gustaría vaporizar las ventanas que has olvidado
dejar abiertas, llenar tus cuartos de penas como haces que estas se adentren en
mi cuerpo; eliminar las angustias que ella te dejó y darte las mías, para que
aprendas de una vez por todas a no enamorar si no estás dispuesto a llorar por
ese amor.

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