A partir de
aquellos rasgos lejanos en partículas olfativas del ayer que dejaste manchado
al olvidar entregar tus palabras a mi voz. Delineo el contorno de las gotas de
lluvia que nacen a partir del dolor generado desde que olvidaste mi existencia,
y desde que preferiste la soledad del abandono. Yo te aviso cien veces el
destino comunicado a través de vasos sanguíneos, alargando el extraño sabor del
extrañarte, de saborearte en señales y preguntas ni siquiera pensadas.
Rasguñar las
paredes compuestas por mentiras inflamadas en odio y rencor puro. Infectadas en
el origen endodérmico de la inseguridad nacida entre flamantes dolores
necesarios. Creo saber qué pasó por tu mente alguna vez en estos días. Tu
ausencia es relevante a mi humor matutino. La acumulación mitocondrial me
parece semejante a las decisiones engañadas que tomaste. Aquel día, aquella
noche, bajo luna llena, mientras jurabas con tus besos un amor incontrolable,
un deseo que fue mentira, una propuesta que fue rechazada. Y aquí estamos,
esperando los impulsos neurológicos arrojados a la luz en medio de tanta
confusión. Yo te espero, tú me esperas. ¿Quién podrá vencer la doble capa de
orgullo incrustado en partículas imitadoras de aquel roto amor del que tanto
hablábamos? Tantas acciones, tantos errores. La flexibilidad del margen de
error parece estar expirando la fecha límite impuesta. Y yo sigo esperando. La insistencia de los
segundos a tu lado, y de la locura influyente de aquel genio desequilibrado,
nos rozan las manos remojadas en ganas de por fin sufrir por causa de un amor
valedero.
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